Justo ayer, tuve la oportunidad de disfrutar del maravilloso “thriller” psicológico: Bug. Interpretado por el magnífico elenco: Marian Pabón, Ernesto Cocepción y Jose Luis Ramos, producido por Boundless theater y dirigido por Emineh de Lourdes y presentado en el Tapia. Esta obra definitivamente ha sido una de las más tensas dramáticamente que he visto en mucho tiempo. Crea una atmosfera cargada, donde lleva al espectador por la mente esquizofrénica de Peter al punto que sales rascándote porque al igual que él comienzas a sentir insectos que te pican y hasta te llegas a creer las teorías de conspiración del gobierno que plantea el personaje. Sinopsis.
Sin embargo, me parece interesante observar la reacción del público ante esta propuesta teatral. Admito que esta segunda vez que la ví observaba con detenimiento las racciones del público y como el elenco raccionaba y modificaba sus actuaciones ante estas reacciones.
Veían a un hombre sacarse una muela a sangre fría, escuchaban el reclamo y la frustación expresada por unos parásitos que le infectaban, los personajes se tiraban gasolina y se prendían en fuego y Risas. Carcajadas. Esas eran la mayoría de las reacciones. No lo lograba entender.
La primera reacción que podemos sentir es rabia, porque “la gente aquí” no logra apreciar el teatro y una propuesta dramática tan intensa con un texto tan excelente. Cosa que me ha pasado ya varias veces al disfrutar de obras excelente. Sin embargo, tenemos que detenernos a pensar: ¿Por qué se ríen ante estas situaciones? ¿El público puertorriqueño estará insensible? o tal vez, ¿no saben apreciar una buena obra? No creo.
Tenemos que tomar en cuenta que el teatro es una expresión cultural cuya base se centra en la sociedad que la consume. Entonces tenemos que pensar, ¿Qué tipo de propuestas teatrales son las que nuestra sociedad consume? Las comedias, las sátiras “baratas”, las que carecen de contenido dramático o de elencos de primera o que simplemente la temática es superflua, banal y no tiene ningún corte de reflexión. Esas son las propuestas teatrales que el puertorriqueño común está dispuesto a pagar.¿Cómo es esto posible?
Entonces, ¿a caso es que este público no tiene apreciación al teatro de calidad? De nuevo, NO. Estoy seguro que el puertorriqueño común es tan capaz como cualquier otro “pela e’ gato” de distinguir un buen producto teatral de otro. Sin embargo, tenemos que detenernos y ver el teatro como un reflejo cultural. Uno de los compromisos del teatro (en mi humilde opinión) debe ser atender el inconsciente colectivo. Tomar esas ideas de la sociedad y plasmarlas en las tablas, en el formato que sea. Mostrarles a las personas que no están solas en pensamiento y que muchas otras personas piensan igual y auspiciar la conversación de los temas que sean pertinentes para “la gente”.
En nuestros tiempos actuales el teatro tiene que presentarse como una propuesta cultural que atienda las necesidades del pueblo. Un pueblo que esta bajo un gobierno opresivo y de leyes abusivas, un pueblo sin trabajo y reprimido, un pueblo que busca en sus momentos de ocio entretenimiento ligero y que no le presente mayores trabas al pensamiento. No me parece que el boricua común, luego de ser bombardeado de asesinatos, robos y deudas saque de su tiempo de ocio para reflexionar en las cosas que le provocan mayor incertidumbre.
El teatro no ocurre en un vacío, ya que es un asunto completamente social. Sería ignorante de nuestra parte presentar propuestas teatrales sin tomar en cuenta el clima social donde se presentan. Es por eso que reitero que es necesario presentar obras ligeras, de humor y sátira. si queremos “salvar el teatro” en Puerto Rico y no llevar a la quiebra a l@s productores y actores. Obras que presenten un mensaje de reflexión, pero decorado con la mayor cantidad de “frotyn” para que nos alegre y nos aleje de las cosas que nos producen tanta incertidumbre pero a la vez, no s brinde herramientas para lidear con los asuntos que nos aquejan. Tal vez, es por eso que las comedias en la isla son tan populares, especialmente las que tratan temática política o asuntos culturales.
Espero que con esto no me malinterpreten, aun creo que se deben hacer propuestas teatrales cuyos textos sean densos, complejos y ricos y aun sigo en desacuerdo en hacer las famosas “obras de encargo” que generalmente tratan los “problemas sociales” donde una clase social presenta soluciones de problemas que no conocen las soluciones reales. Hago esta reflexión porque logro ver la frustración de teatreros, productores, directores etc. que ven que las salas no se llenan ni regalando las taquillas y eso me parece muy injusto.

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La nieve/espuma comenzó a caer… y se veía preciosa. Admito que la caida si parecía nieve real al caer. La iluminación del lugar cambió, la música navideña se explotó por los altoparlantes y todos comenzaron a aplaudir de alegría, mientra se me aguaban los ojos y se me erizaba la piel de gallina. L@s niñ@s saltaban de emoción, sacaban sus lenguas y probaban la nieve/espuma y aun sabiendo que era espuma seguían celebrando y brincando de emoción. Los padres grababan y casi se convirtió en una celebración el evento de la caída de la nieve/espuma a las 7 de la noche.






